Estáis tumbados juntos en la cama. Físicamente, está ahí. Pero emocionalmente, parece que está en otro sitio. Las conversaciones son breves, el sexo se siente raro o ni existe, y no sabes muy bien cómo o cuándo empezaron a cambiar las cosas, pero quizá ya lo han hecho.
¿Te suena?
La distancia emocional puede colarse incluso en las relaciones más sólidas. No siempre es algo dramático u obvio; a veces aparece de manera silenciosa, y de repente han pasado 3 meses sin sexo, sin caricias y sin ningún tipo de conexión. Y si llevas un tiempo notando que algo no va bien apagado, no te lo estás imaginando. ¿La buena noticia? No eres impotente ante esto, y de hecho ocurre más a menudo de lo que crees.
Vamos a desglosarlo.
Cómo se ve la distancia emocional...
La distancia emocional no siempre se manifiesta en peleas o durmiendo en habitaciones separadas. De hecho, suele aparecer de formas mucho más sutiles, que al principio pueden pasar desapercibidas. Los besos se vuelven más fugaces o incluso se evitan, las caricias, cogerse de la mano o acurrucarse en el sofá por la noche se van volviendo cada vez menos frecuentes. Las conversaciones se centran más en la logística que en la conexión: el cuidado de los niños, los calendarios, las tareas domésticas... En vez de preguntar cómo estamos o qué podemos hacer juntos esa noche, o incluso planear la típica cita mensual, todo eso puede parecer un recuerdo lejano.
Empieza a parecer que compartís espacio, no una vida. Os comportáis más como compañeros de piso o socios que como pareja, y aunque desde fuera todo pueda parecer bien, en el fondo sabes que la cercanía se ha perdido.
¿Por qué puede estar produciéndose el distanciamiento?
Mucha gente asume que la falta de cercanía significa que su pareja ya no está interesada o atraída por ella. Pero en realidad, la causa suele estar en otro sitio, e incluso tu pareja puede que no sepa de dónde viene.
Sin embargo, hay algunos factores a tener en cuenta: el estrés y la sobrecarga mental son grandes culpables, especialmente en el contexto del trabajo, las responsabilidades familiares o la presión de mantenerlo todo bajo control. Una mente constantemente ocupada deja poco espacio para la intimidad emocional o física, lo que significa que el cuerpo no va a pedir nada sexual cuando alguien siente que solo necesita sobrevivir al día.
Otros factores a tener en cuenta son los cambios de estilo de vida, como empezar una nueva medicación, experimentar un bajón en la salud mental o vivir con dolor crónico o fatiga, que también pueden influir en la disponibilidad emocional de una persona o en cómo se siente con su propio cuerpo, y por supuesto, en la relación.
A veces, el problema empieza fuera del dormitorio pero acaba influyendo en él. Por ejemplo, es común que si tu pareja se siente desconectada, ignorada o poco valorada en el día a día, puede que se aleje del sexo por completo. Y aquí está lo que la mayoría pasa por alto: si el sexo que tenéis no funciona para ellos, ya sea a nivel emocional, físico, o ambos, pueden empezar a evitar la intimidad, no porque no te deseen, sino porque no quieren una experiencia que les deje frustrados o insatisfechos.
Cómo salvar la distancia (sin empeorar las cosas)
Palabra final...
Si notas la distancia y el sexo lleva tiempo fuera de la ecuación, lo más probable es que la otra persona también esté sintiendo esa desconexión. Y aunque es fácil quedarse atrapado en el silencio o la frustración, la realidad es que las relaciones siempre están evolucionando, y dar el primer paso para hablarlo puede ser justo lo que necesitáis para volver a acercaros. La desconexión no significa fracaso; significa que hay algo que necesita atención. ¿Por qué no ser tú quien lo solucione primero?
No se trata de ser perfectos; se trata de estar presentes y de dar la cara incluso cuando no resulta natural hacerlo.